2-V-08

He empezado el mes, después de acabar La Familia de Pascual Duarte, con Divinas Palabras de Valle-Inclán. 1000000000% recomendada, a pesar de que se pasa más tiempo leyendo el diccionario que leyendo la propia obra de teatro. Un par de reflexiones. Mi libro, en su prólogo, dice más o menos así "la obra de Valle-Inclán, increíblemente irrepresentada (...)"... ¿Increíblemente irrepresentada? ¿Quién puede cumplir con las exigencias del teatro de Valle-Inclán? Es decir, ¿quién puede conseguir un enano hidrocéfalo, un soldado manco, una vieja sin dientes, un trasgo cabrío, un sapo, un perro que levanta la patita cuando se le pregunta, un rapaz con una asquerosa verruga al lado de la boca, un sacristán bizco...? (¿Se habrá leído el libro para prologarlo?) Aun así, esto me da pie a otro comentario: la deformidad en la obra de Valle-Inclán. Es increíble el retrato social que hace. Todos los personajes son o bien asquerosos, o bien un cúmulo de vicios, o bien las dos cosas. En algunas ocasiones, son tan grotescos que hacen gracia, y diciendo esto pienso en el mismísimo enano, que de tanto andar en el pesebre recuerda, a su manera, al mísmisimo Niño Jesús (de hecho llega a ser el centro de atención de todos los personajes, de nuevo, a su manera). Pero hay otra razón más que da a entender que nunca fue pensado para ser representado en escena: sus increíbles acotaciones. Son largas, demasiado largas, y frecuentes, demasiado frecuentes. Recuerdan más a cualquier párrafo descriptivo de novela que acotación de drama. Es más, resulta curioso que nunca aparezcan en medio de la intervención de un personaje, como es frecuente en otros teatros, y parece que es así precisamente por no interrumpir la acción (si se representara, daría igual la colocación de las acotaciones porque el espectador no percibiría un corte en el ritmo). Uno puede pensar por estas razones que la intención de Valle-Inclán siempre fue que fuera leído como una novela dramática, o un drama novelado.

Por cierto, se me quedó la cara de bobo cuando uno descubre qué son las "Divinas Palabras", y, en general, las dos últimas escenas son excepcionalmente buenas. Da que pensar, da que pensar.

PD: Es curioso leer Divinas Palabras y La Familia de Pascual Duarte seguidos, porque en ocasiones presentan cosas muy similares. Mario y el enano son demasiado parecidos.